domingo, septiembre 24, 2006

LA DOLCE VITA


La Dolce Vita es la película sin lugar a dudas que por más que el tiempo pase sobre ella, una y otra vez merece la pena volver a ver, aunque solamente sea para recordar Roma.
Echo de menos la Ciudad Eterna, echo de menos pasear por la noche y apartarme de un salto cuando las motos arrasan con su estrepitoso motor, y girarte a un lado, acostumbrado a girarte a los lados ante un peligro que llega de frente.
Marcello es el periodista romano apuesto, elegante, seductor, físicamente bien constituido, lleno de ideas creativas, bien rodeado de contactos, está casado, puede que no esté casado, pero su mujer parece estar tan desesperada de amor o de dependencia hacia él que ya no recuerdo su estado civil…por muchas promesas que los dos se hicieran, la verdad es que su unión era un infierno. El quería más pero no de ella, sino de su propia vida; ella solamente le ofrece platos de pasta aderezados con especias y fundidos a la mozarella, ¡qué manjar! Pero no lo es todo alimentarse y vestirse, hay otras facetas que uno quiere descubrir, el amor no basta, cuando esperas tanto de la vida…y se pasará el tiempo mendigando una pizca de amor propio en los espejos de la vida social, aparentando el personaje que juega como el gran romano que se debe al público que crea.
Lamentablemente el espectador no puede decirle nada pero sí que se queda con ganas de aconsejarle, Marcello, acepta la realidad, no te conviertas en un fantasma. Como todos los personajes aristócratas que inician la cabalgada fantástica hacia un punto muerto, la noche del Castillo. Uno a uno fueron entrando majestuosamente en la sala, rostros pétreos y miradas de hielo, uno a uno fueron degradándose, uno a uno Marcello los contempló, y vio tantas oportunidades para transformarse en otra persona, aristócrata, elegante, seductora, físicamente bien dotada, lleno de ideas creativas, bien rodeado de contactos…que olvida que él ya es así, sin necesidad de mirarse en el juicio de los demás. Y como en los dramas clásicos, la muerte sorprende al héroe, y muere, porque se quita la vida, su estimado colega, Steiner. Roto de dolor, Marcello huye.
En este punto de la trama, mi cinta se acaba y el resto he tenido que rescatarlo en fragmentos de archivos de vídeo. Primero pensé cuál sería el final, y siguiendo con la idea del final feliz, me gustaba imaginar que volvía a enrollarse con Anita Ekberg, la rubia exuberante que le pide leche para los gatitos callejeros. O que volvía con la romana de los spaghetti y la silueta a lo Milo Manara, pero estas señoras a estas alturas de la cinta se han evaporado; con el tiempo he descubierto el final, y el final, señoras y señores, tiene lugar en el mar. El Mar. Solamente puedo decir eso, una vez que ya he desvelado lo principal. De nada. Es un placer.

A man who agrees to live like this is a finished man, he's nothing
but a worm! I don't believe in your aggressive, sticky, maternal love! I don't
want it, I have no use for it! This isn't love, it's
brutalization!



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